Nuestra sociedad necesita algo más que noticias

Para Kapuściński, periodista, ensayista y escritor incansable que falleció tal día como hoy, hace ahora tres años, hacía falta una revolución de las mentes, una revolución lenta y pacífica, que conmocionara nuestros esquemas de pensamiento, para poder afrontar con mayor realismo los grandes problemas de la humanidad.

Ryszard Kapuściński
Ryszard Kapuściński. Foto: Wojciech Druszcz

Accedemos a la realidad sólo a través de los medios de comunicación social. De esta manera lo que no aparece en los medios, no existe. Si los medios no recogen la realización de un acontecimiento es como si no hubiese tenido lugar, y viceversa, un acontecimiento insignificante reflejado en los medios puede adquirir difusión planetaria. De esta manera, además de «manejar» la existencia de las cosas, tienen concedida la autoridad de la verdad.

Pero si su existencia contribuye de tal manera al proceso de socialización y al mantenimiento de unos principios y valores morales compartidos, no cabe entenderlos como entes empresariales de primer orden. No pueden hacer lo mismo que otros muchos negocios, es decir, satisfacer la demanda de los consumidores. Va más allá de eso.

Entre otras cosas porque, si así fuera, el profesional de los medios acabaría convertido en el “buen” trabajador o ejecutivo de su empresa de comunicación, dispuesto a subir los índices de audiencia y servir así a su medio. La autonomía profesional, decía  Kapuściński, se ve mermada por otros intereses o fines a los de la propia información y comunicación. Por eso sólo se puede decir que los medios reflejan el mundo “de manera superficial y fragmentaria”.

En consecuencia, no cabe una auténtica profesión periodística si ésta no puede establecer las garantías de una mínima autonomía en el seno de la empresa.

Por otra parte, tenemos mucha información, sabemos más, pero esta información no nos hace más sabios, ni por tanto mejores. La verdadera amenaza que estamos sufriendo con los medios de comunicación es la difuminación progresiva de las fronteras de la realidad, la entrega de una historia imaginada o de una realidad virtual, término que a su vez refleja semánticamente este proceso de perdida de sentido de la realidad.

Nuestra sociedad no busca noticias ni se alimenta de ellas. Busca el crecimiento siempre positivo de la libertad de las personas y alejado de la manipulación, de la centralización de poderes o del reflejo superficial y fragmentario de las problemáticas internacionales más desconcertantes.

Kapuściński impregnó en sus publicaciones que el periodismo era una narración colectiva del mundo y, mezclado con sentimiento de orgullo de lo personal en el trabajo del periodista, intentó que los mecanismos de los medios no permitieran construir un mundo virtual, alejado de la realidad y  ajeno a la existencia de un concepto de comunicación más o menos válido para todos.

En ciertas circunstancias, contar las cosas tal y como son, sin excesos ni artificios, puede generar rechazo, dolor e incluso peligro. Pero para uno de los grandes reporteros del mundo, Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003, la realidad no podía ser alterada, despojada de su valor socio-cultural.

Las cosas siempre se pueden contar verazmente de diversas maneras y, al mismo tiempo, siempre se pueden contar mejor. Quizás por eso Ryszard Kapuściński nunca quiso conformarse con ser una fuente de noticias.

Ryszard Kapuściński falleció en Varsovia el 23 de enero de 2007.

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