Las redes sociales y el fin de la privacidad

Recupero un artículo en ScientificAmerican.com, el sitio web de la histórica publicación americana  Scientific American, titulado «Do Social Networks Bring the End of Privacy?» que analiza los riesgos y las debilidades de las actuales leyes de privacidad e intimidad frente a las nuevas estructuras de información online.

En el artículo se habla de la Generación Google (término difuso para definir a una generación o a un perfil de usuario), aquellos que, entre otras cosas, vuelcan su información personal en Internet, especialmente a partir de las redes sociales como Facebook o MySpace, y que saben que a través de una búsqueda es posible localizar cualquier dato o acceder a dicha información sin ningún impedimento. Con este planteamiento podemos cuestionarnos si es posible controlar nuestra vida privada y aun más, el futuro de nuestra reputación cuando todo está siendo grabado, almacenado y puesto a disposición de la opinión pública.

Quizás la legislación actual deba ampliarse, como dice Daniel J. Solove, autor del artículo, intentando así aclarar los conceptos mencionados y las acciones de los usuarios frente a aquello que en otras épocas podría haber sido considerado de dominio público.

Recientemente Solove respondía a un comentario enviado por un lector que indicaba que el problema era la confusión entre privacidad y anonimato:

There is a key difference between the small towns of yesteryear, where everybody knew your name, and the sprawling “global village” of today. In small towns, people knew one another well; they could judge one another in context. Today, in our more anonymous life, we often judge people based on information fragments without context. This is a much more impoverished way to understand and judge others, and the information we have about them is far more dubious. The idyllic image of the small village cannot be re-created through modern electronic technology. Moreover, a brief dip into 19th-century history and literature shows a world rife with oppressive norms, nosy neighbors and communities ready to condemn, often unfairly. Although social control can be good, not all of it is, and sometimes it can be downright unfair, stifling, misguided and cruel.