El Diseño Centrado en el Usuario puede y debe ser cuestionado

Es posible que Thomas Petersen haya escrito dos de los artículos más polémicos de final de año sobre Diseño Centrado en el Usuario (DCU).

En un primer post con consejos para startups sus primeros argumentos no resultaban excesivamente confusos y simplemente advertía de la importancia de valorar adecuadamente un estudio de usabilidad o un focus group. Aun así, ya se empezaban a cruzar ideas que podrían ser comprendidas o interpretadas de forma equivocada :

Usability studies and focus groups are for refinement not for innovation.

No es que sea un problema tomar esta idea como consejo para emprendedores o para la creación de startups. El problema es no aclarar correctamente su significado y llegar a afirmaciones tan categóricas como:

There are a few situations where usability studies make sense for startups, but most likely it wont be in your situation.

En segundo lugar se lanzaba a escribir sobre DCU y sobre la conveniencia de las últimas etapas marcadas en un proceso clásico. Utilizando el ejemplo del martillo de su post anterior comparaba la fabricación y el testeo de este objeto con la creación y evaluación de un sitio web o una aplicación.

hammer de Thomas Petersen

I will assume most of you answer 4. After all, getting a feel for the hammer requires the customers to actually try it out. Looking at a picture of the hammer, having it cut out or even a Styrofoam prototype simply won’t provide you with a good enough foundation to evaluate it on.

But if I was to ask you to test a digital product, whether a website, an application or an ecommerce site, most would choose one, two or three.

Como podréis comprobar he seleccionado una de las cuestiones más simples planteadas por Petersen. Pero detrás de su artículo se esconden complejas y controvertidas preguntas, reflexiones e ideas que estoy seguro no te van a dejar indiferente.

Con algunas estoy de acuerdo. Con otras discrepo completamente. Pero el gran beneficio que encuentro en sus palabras es que nos obliga a cuestionarnos aquello que parecía no provocar ninguna duda. Aquello que habíamos aceptado automáticamente como válido dentro del enfoque del Diseño Centrado en el Usuario.