Cómo tener un blog y no morir en el intento (versión sortega)

El momento «confesiones» empieza a llegar y es Tomás Pollak quien me invita con su post «Cómo tener un blog y no morir en el intento» a ofrecer mi versión y por tanto mi interpretación personal de un hecho colectivo.

Hacía tiempo que buscaba una reflexión así y una vez más constato que se comparten en muchas ocasiones los mismos pensamientos, las mismas dudas o las mismas frustraciones. Los esfuerzos por alimentar cada día, cada semana un blog no son fáciles de medir. Puedes pasar de adicción a fobia en tres o cuatro post y en el mismo lapso de tiempo pasar de ser un desconocido a estar en primera fila de batalla «googueliana».

Creo que es pronto para dar consejos sobre «cómo trabajar para un blog» (me gusta la frase) pero no tan pronto como para entender algunas de las cosas que están pasando en este mundo y qué es lo que están haciendo los de largo, intenso y fructífero recorrido.

De momento mi blog me sigue perteneciendo. Todavía no he creado comunidad pero tampoco lo espero. No conozco de momento el interés que puede tener para otros muchos millones de bloguers pero tampoco lo estoy esperando. Ni siquiera se si controlo su situación en el mercado «blogueriense» pero tampoco me preocupa en exceso.

Creo estar en condiciones de decir que de momento el camino ha sido muy llevadero. Es cierto que como todos los que inician un blog mis primeros meses fueron intensos porque la intención era construir la casa más grande con las ventanas más bonitas. Una que se viera a kilometros sin necesidad de levantar mucho la vista.

Una vez que lo tienes con el tiempo descubres que la gracia no era ponerle la mejor cabecera o los colores más llamativos. Todo lo contrario, cuanto más simple mejor. Y de hecho así es como están cambiando las cosas. Los que llevan más tiempo tecleando de forma notoria han simplificado su existencia y su blog a estructuras visuales livianas pero con gran consistencia.

Se empieza a converger en un único punto. Eso de tener cuatro sitios web abiertos, dos blogs y siete correos no funciona siempre. Algunos lo consiguen pero se convierte en una tarea ardua ofrecer actualización por los cuatro costados. Al final todo queda reducido a un dominio potente, significativo y con mucha identidad que albergue todos los proyectos que vamos construyendo.

Por otra parte comienzas a escribir sobre ti y sobre tus circunstancias con más fuerza y de forma progresiva. Eso es porque ya no te hace falta ocultarte ni esconderte de nada ni de nadie. Por eso no te importa tener tu currículo en la red, con una agraciada fotografía que se convierta en tu elemento visual de presentación para todos aquellos lugares donde te registras.

A veces es necesario contar a los demás cuales son tus aficiones, tus viajes, tus problemas o incluso tus inquietudes personales o profesionales porque quizás sea la forma de darte a conocer, de abrirte a un público más amplio que espera ansioso encontrarse con gente como tú, con los mismos gustos, aficiones, inquietudes…y es entonces cuando se empieza a compartir con más fuerza y se empieza a ampliar la red de contactos. También esta costumbre de explicar tu vida o dar cuenta de ella se convierte en la excusa perfecta para explicar porqué razón tu blog lleva sin actualizarse dos semanas.

Y es que el futuro de un blog está directamente relacionado con la existencia de la persona o personas que lo mantienen. Cuando esa existencia se ve alterada el blog sufre las consecuencias. El nacimiento de un hijo, el cambio de trabajo o cualquier otro acontecimiento pueden alterar el ritmo de tu blog y la ilusión que pongas por mantenerlo vivo.

Al final el blog se convierte en el reflejo de nuestras vidas por más que queramos subtitularlo de otra manera y tenerlo y mantenerlo está directamente relacionado con el apoyo que recibamos de los demás tanto presencial como virtualmente.